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miércoles, septiembre 03, 2008

Ningún lugar.




Hubiera ido a visitarte, estar contigo, saber tu nombre y nunca olvidarte, acompañarte en el llanto, sugerirte otro camino, uno distinto al mío, nunca destruirte, tocarte con respeto y amarte. Hubiera ido a visitarte, estar contigo, saber tu nombre o haberte conocido. El único lugar es ésta vida, quizá aún no hallas nacido, es posible que tu no existas. Nunca iré a visitarte, no sé quien eres y tú no existes, estás en cualquier lugar, nunca en el mío.

Los ojos de nadie.



Firmes, bajo el inalcanzable techo de una habitación blanca, enteramente blanca, cuyas ventanas están cerradas, y que también son blancas; los ojos de nadie sobre ningún lugar de un rostro sin ojos, ni nariz ni boca, con los oídos dentro de sí, cubiertos por una membrana blanda, se clavan en el silencio, no existen, no ven.